«El presidente honesto»

marzo 18, 2020 0 Por admin

¿Cómo es que un hombre que se dice “honesto” lleva entre sus filas a una colección de personajes sacados de lo más deleznable de la política mexicana?

¿Cómo confiar en alguien que dice que viene a “cuidar de sus intereses” y a “acabar con las prácticas corruptas”, cuando lo rodean corruptos, impresentables, y desechos de todos los partidos políticos y asociaciones que anteriormente señaló como lo peor del país?

LO, en su carrera a la presidencia y en su afán de aglutinar el descontento social se creó “enemigos” a los cuales culpar de todos los males que aquejan al país. Primero nombró al PRI, partido en el que militó durante años y del que salió cuando se dio cuenta que su férrea nomeklatura no le daría oportunidad de figurar. Aliado con C. Cárdenas y otros disconformes, se alejó del PRI para fundar lo que llamaron Partido de la Revolución Democrática, el “bueno”, el partido de “izquierda” que verdaderamente enarbolaría las demandas de la ciudadanía y haría verdadera justicia social. Con la aceptación y popularidad de un personaje como C. Cárdenas (el hijo del general, del mítico “tata” Cárdenas, último de los héroes patrios, expropiador del pétroleo, “benefactor del pueblo”) el nuevo partido rápidamente escaló posiciones en todo el país, se hizo de una base de seguidores extensa, formó cuadros políticos que le permitieron ganar lugares en el congreso, en los municipios, pero sobre todo, hacerse de la Cd. De México, la capital del país, en donde todos los poderes se encuentran reunidos y también, el corazón del gobierno federal.

Pero AMLO no se conformaba con ser segundo, sus aspiraciones eran más elevadas, después de que Cárdenas contendió con Carlos Salinas de Gortari (PRI) y con Manuel Clouthier (PAN) por la presidencia de México (y perdió, gracias a un fraude escandaloso orquestado por uno de los más nefastos militantes príistas, en ese entonces jefe de gobierno, de nombre Manuel Bartlett), LO tomó el nombre de Salinas de Gortari como su particular némesis; culpable de todo lo malo que desde entonces pasaría en México. A Salinas inclusive, le dio el mote de “innombrable” porque, entre otras cosas, LO siempre ha sido bastante cobarde, muy bueno para señalar, para denostar, para acusar sin pruebas, pero siempre en el filo de no caer en un señalamiento por el que pudiera ser demandado o acusado legalmente de difamación o falsos testimonios. Por eso utiliza motes, apodos, por eso se escuda en frases como “se los dejo de tarea”, “investiguen”, para no poder ser acusado, o citado puntualmente. El “honesto” es bastante retorcido y bribón.

Para las siguientes elecciones, Cárdenas volvió a competir por la presidencia. Hubo un desencuentro con LO porque él también quería la presidencia, al final, se “conformó” con la candidatura para jefe de gobierno de la Cd. De México que ganó, porque desde 1997, el prd había llegado al DF para quedarse, tanto Cárdenas, como Rosario Robles habían sido jefes de gobierno, ahora le tocaba a LO, aunque llegó con trampas y “arreglos” (no tenía el tiempo de residencia requerido para poder ser candidato). El “honesto” es bastante marrullero y falaz.

Cárdenas perdió nuevamente (ahora con Fox, que representaba a AN), y en la siguiente elección, por fin LO pudo acceder a la candidatura presidencial, AN presentó a Felipe Calderón como candidato y el PRI a Roberto Madrazo, un viejo conocido (y también considerado “enemigo” de LO), en una votación muy cerrada, tan cerrada que AN la ganó por una mínima diferencia, LO perdió y desde entonces su “enemigo” natural de siempre, tuvo un par: FCH. LO acusó (hasta la fecha) de un fraude electoral –nunca fehacientemente demostrado- y durante todo el sexenio de FC se dedicó a mantener vivo ese mito, llamó a FC siempre “espurio”, cerró una de las más importantes avenidas del DF (Paseo de la Reforma) con un plantón permanente de 48 días, exigiendo un recuento de votos (“voto por voto, casilla por casilla”) para demostrar que él había sido ganador.

Ante el fracaso de sus manifestaciones, organizó un mitín en el centro de la ciudad en donde se autonombró “presidente legítimo” e inclusive nombró un “gabinete alterno”, sus seguidores lo llamaban “presidente” y nunca reconoció la legitima investidura de FC. Desde entonces,  FC, junto con SdeG, se conviertieron en los autores intelectuales, materiales, y cómplices de todo acto de corrupción, atraso, malversación, deshonestidad, y mal gobierno que aquejó a México. Fueron también culpables de la pobreza del país, de la venta de bienes, empresas, territorio, y recursos. Y FC, que ante la embestida del narcotráfico como una fuerza nunca vista del crimen organizado, emprendió una lucha frontal apoyado por el Ejército Mexicano, se convirtió también en un “asesino”, y cada muerte violenta en el país, sin importar circunstancias ni bandos, le fue achacada como “los muertos de Calderón”. El “honesto” es bastante mezquino, vengativo, y mal perdedor.

En la siguiente elección volvió a competir, pero sea que en el PRD se dieron cuenta de su soberbia, protagonismo, o claras muestras de enfermedad mental, el apoyo ya no fue como antes. Su carácter altanero y necio lo había enemistado (a raíz de perder las elecciones, y las inauditas acciones tomadas posteriormente) con la mayor parte de la cúpula del partido. Pero él ya había planeado su salida triunfal: organizó algo que llamó primero “movimiento” y luego transitó a partido politico. Lo llamó Movimiento de Regenaración Nacional (MoReNa, por sus siglas) y ahí se instaló como presidente, líder moral, gurú, factotum, y próximo candidato a las siguientes elecciones presidenciales. En ese momento los otros candidatos fueron Enrique Peña Nieto por el PRI, y Josefina Vázquez Mota por el PAN, ¿cómo pudo hacerse de registro de manera tan rápida? Se llevó del PRD no sólo a los que estuvieron de acuerdo en seguirlo, tránsfugas la mayoría del PRI, como él mismo, y algunos otros que, por su amplio “colmillo” político, se dieron cuenta que tenía la habilidad de “engatuzar” a la gente, y ahí había algo que capitalizar, y junto con eso, y sus bases en estados y en la capital, logró reunir las asambleas y militantes requeridos. El “honesto” es calculador, embaucador, y protagónico.

Acudió a las elecciones seguro del triunfo, pero volvió a perder. Esta vez con un margen aún mayor que no dejaba mucho lugar a la duda o a la impugnación de “fraude” (lo cual no impidió que lo mencionara de nuevo) Y entonces surgió un nuevo “villano” dentro de su mitología de “enemigos” de la “democracia y del pueblo”: los llamó “la mafia del poder”, y una entelequia que ya no abandonaría tampoco “el neoliberalismo”. Así, entre Salinas de Gortari (el instaurador del neoliberalismo), Felipe Calderón (es “espurio” y “asesino”), la “mafia del poder” (minoría rapaz, la mano que ordena detrás de la presidencia), y el “neoliberalismo” (doctrina malévola, nefasta, y tan mala como renegar de dios), él se convirtió en el llamado a salvar a México de las garras de la corrupción y la pobreza, resultado ambas, de las malas artes de sus “enemigos”, aquellos que le robaron la presidencia y que tenían al país sumido en pobreza, violencia, rezago, ignorancia y desigualdad. El “honesto” es dramático cuando las circunstancias lo exigen, exagerado al punto de la invención, y mesiánico ¿porqué no?

Y así llegamos al escenario actual, en donde, tras una campaña de años, militando en uno y otro partido, dejando ver siempre sus intereses personales antes que los colectivos; pasando por encima de los que un día fueron compañeros de partidos, y abrazando a los que un día llamó “enemigos”, llegó al 2018, con la fuerza de una ciudadanía justamente indignada, pero hábilmente manipulada para creer que ese hombre pequeño, mezquino, mentiroso, y enfermo, podía representar el honesto reclamo de un cambio, de una manera mejor de hacer las cosas.

Engañando, haciendo trampas, dando golpes bajos y pasando por encima de la legalidad cuando pudo, es que LO consiguió al fin llegar a la silla presidencial. En mala hora.

El “honesto” se rodeó de personajes como aquel que orquestó el robo a su ex mentor C. Cárdenas; de un buen número de aquellos a los que un día llamó “minoría rapaz”; de impresentables que salieron huyendo del país acusados de fraudes, robos, y hasta crímenes como secuestros y asesinatos; de personajes sin preparación ni experiencia, pero leales a su persona (no a su causa, no a ideales); de miembros de partidos a los que siempre llamó corruptos y hasta traidores a la patria; en fin, rodeado de toda la basura que siempre dijo despreciar y que erradicaría del gobierno en cuánto llegara.

El “honesto” al fin, resultó no serlo en modo alguno, pero, “no podía saberse”, ¿verdad?