López Obrador no Valora al Ejército.

López Obrador no Valora al Ejército.

marzo 3, 2020 0 Por Lucia Torres

Nunca como en esta administración, el Ejército Mexicano había tenido tanta participación en las acciones de gobierno. Puede ser. La realidad es que no siempre fue así, de hecho. Hasta Agosto de 2018, la opinión de AMLO con respecto al ejército y fuerzas armadas del país había sido diametralmente opuesta.

La Época «Neoliberal» si valoraba al ejercito

Durante toda la época de campaña del macuspano (que se puede contabilizar desde el 2006, cuando pronunció “al diablo sus instituciones, con sus tanquetas y sus soldados.”). Ya estaba presente la animadversión que sentía por esa institución. Durante ese sexenio, el de Calderón, se dedicó a descalificar la intervención, operaciones, y estrategias que realizaba el ejército. No ayudaron en mucho, es cierto, las desafortunadas decisiones de Felipe Calderón en contra del narcotráfico. Que inundaron de sangre al país y dejaron un saldo terrible de muertes, en ambos bandos.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, las cosas no mejoraron. EPN, decidió seguir con la estrategia de Calderón. Pero matizada con menos contundencia, y más candados que no dieran pie a acusaciones sobre faltas a los derechos humanos o acciones arbitrarias de parte del ejercito. En el ínter, toleró y dejó crecer un problema que a la postre se volvería un flanco tan grave como el del narcotráfico: las defensas civiles. Permitió que los civiles se armaran y se enfrentaran contra miembros del crimen organizado. Una acción que, al poco tiempo, resultó contraproducente. Dichos civiles se pasaron al bando contrario y se volvieron también otra amenaza para la población.

Pero hubo un hecho que marcó todo el sexenio de PN, la muerte de 43 jóvenes pertenecientes a una normal rural de Guerrero. La muerte de los estudiantes de Ayotzinapa, fue el argumento perfecto para dar solidez al discurso que López Obrador venía repitiendo desde el 2006. El Ejército era una institución que masacraba a los ciudadanos. Una guardia blanca que actuaba bajo las órdenes del presidente para matar, acabar con la oposición, y perpetrar masacres según lo mandara el comandante supremo.

Durante la campaña para las elecciones del 2018, una de las promesas “estrellas” de López Obrador fue que regresaría al ejército a los cuarteles. Aún más, iría poco a poco desmantelando la institución porque -decía- en México se acabarían las “masacres”, y no era necesario un ejército que sólo estaba ahí para intimidar y masacrar a los ciudadanos.

Las Fuerzas Armadas son «mil usos» para López Obrador

Llegaron las elecciones y López Obrador ganó en las urnas el 1 de Julio. Durante el larguísimo período de transición (julio-diciembre), López tomó una relevancia inédita. Era de facto el “presidente” en funciones ante un EPN que dejó prácticamente en sus manos las riendas de la administración. López habilitó su casa de campaña como despacho “presidencial”. Desde ahí salía a dar “informes” todos los dias. También recibía a los secretarios de gobierno aún en funciones para organizar la transición con su equipo.

Así llegó el 22 de Agosto de 2018 y el general Salvador Cienfuegos, Secretario de Defensa, llegó a la casa de transición a hablar con Obrador sobre asuntos de seguridad, violencia en el país y las alternativas para combatirla.

¿De qué hablaron en esa reunión?. Tal vez algún día, los allegados a esa charla lo revelen, por el momento sólo podemos especular. Lo que se vio a partir de ese día es que el discurso de López en relación al Ejército y las fuerzas armadas dio un giro de 180 grados.

Se acabaron las alusiones al “ejército masacrador”. Se olvidó la promesa de regresar el ejército a los cuarteles. Por el contrario, ese día, en su “mensaje” luego de la reunión, dijo muy claro que el combate a la inseguridad y la violencia, sólo podría llevarlo a cabo con la ayuda del ejército y que lo mantendría como aliado.

Se acabaron los vituperios y comenzaron los halagos. La cereza del pastel fue la declaración de que la Guardia Nacional, -el cuerpo policial que López impulsó para hacer frente a la violencia, y que había dicho que sería un cuerpo con entrenamiento policial. Adoctrinado bajo las más estrictas normas de respeto a los derechos humanos, y de ninguna manera un cuerpo militarizado-, a partir de entonces se fue alineando hacia la milicia. López lo volvió una institución que iba a depender directamente de mandos del ejército. Además su mayor número de reclutas fueron soldados a los que solamente se cambió de nombre y de uniforme, para pasar de tropa, a elementos de la GN.

De ahí en adelante, el Ejército se volvió una institución mil usos. Desde entrenadores de futuras guardias civiles, choferes de pipas petroleras, guardianes del orden, constructores. Todo esto, además de las labores que ya desempeñaban.

Pero con todo y todo, López Obrador no ha abandonado su lado prepotente. A pesar de que ha mantenido esa relación estrecha y aparentemente de privilegio para las fuerzas armadas. También las ha dejado desprotegidas y abandonadas a su suerte en el enfrenamiento directo con el crimen organizado. Por un lado, parece que se les han otorgado poderes muy amplios (inclusive de manejo de importantes sumas del erario). Pero por otro, se les ata de manos y se les obliga a exponer su vida, la de sus familias, su orgullo y su preparación castrense al obligarlos a “respetar” los derechos de delincuentes. No pueden contestar agresiones, y son vulnerables a recibir insultos, golpes, humillaciones, y todo tipo de vejaciones de parte del «pueblo bueno».

¿Qué datos o hechos le presentó el saliente Secretario de la Defensa a López Obrador aquella mañana de Agosto cuando se reunió con él durante la transición?. No lo sabremos tal vez, pero fue algo de tanto peso que ni el mismo soberbio y recalcitrante macuspano pudo ignorar o desestimar. ¿Tal vez por eso insiste tanto en la lealtad del ejército ante un imaginario golpe de estado? ¿Tal vez por eso la política de amnistía e impunidad a criminales?

Lo único que es tristemente cierto, es que cuando en las cúpulas se ponen de acuerdo, los ciudadanos de a pie, somos los que sufrimos las consecuencias de esos “acuerdos”